Alli estaba yo, tendido en el arenal
detrás del montículo, muerto de miedo; con las manos sobre la cabeza y
un casco de hierro que cubría mi craneo para no dejar
traspasar cualquier bala envenenada rumbo a mi cerebro. El silvido en el aire de las mismas era sobrecogedor, mi corazón galopaba a
gran velocidad, me encontraba paralizado, aterrado, sin apenas
fuerzas ante tanta barbarie.
Pertencía al Regimiento de Cazadores de Montaña 'Galicia' 64 en misión casi suicida, intentando conquistar
una posición en el Cerro de la muerte, en algún lugar del mapa.
Pero en extrañas circunstancias nos tenían acorralados, sin
posibilidad alguna de ataque. Llovián balas de todas partes,
proyectiles asesinos que salían de fusiles ametralladores de gran
potencia.
Por un instante respire una vez
más, el aura de la muerte. Ahora es cuando piensas, ¿veré un nuevo
amanecer?. Algunos guardan silencio, apoyados sobre sus fusiles M60. En las entrañas del túnel los violines tienen gatillo y la música
es desgarradora...
Sostengo una dura batalla conmigo mismo. Salir de la madriguera, un misil.. y se acabo. La cabeza estalla entre tantos
pensamientos; incluso en aquel desolador escenario me
acordaba de mis padres, de cuando yo tenía apenas trece años y
jugaba en el parque. Pensé que mi hora había llegado y encomendaba
mi alma a Dios, quizás un ente sin sentido creado por el hombre para
seguir viviendo.
Me éche a llorar sin consuelo y
entonces desperte sorprendentemente en el sofá de mi habitación, miré
por la ventana y todo parecía normal, bañado por lo cotidiano . Y
pensé ¡que suerte tenemos algunos!.