En mi soledad los recuerdos
entre venas y orificios
como un cuchillo.
Desgarran, duelen
y mortifican entre
los mármoles,
evocando aquel beso
frío e inerte,
que te ofrecí
en la despedida.
Hoy la tristeza atropella
la razón,
sin piedad.
Es el sonido del silencio,
que desvaría y
enloquece,
atronador.
y frágil
de la existencia.
Te llamo a gritos con mi voz
entrecortada por las lagrimas.
Y…
Nadie, simplemente nada.
Siempre en el silencio,
en ese que solo a mí me pertenece.



























