Siento que no recuerdes mi rostro, que no
sonrías como antes, que
tus días sean ahora sombríos.
Atesoro en mi interior el roce de tu piel y tantos momentos vividos a tu lado, como
cuando era un niño.
Veo tristeza en tu mirada, perdida, cuchillo de la impotencia sin marcha atrás, que yo no entiendo.
Me hablan de libertad y esta se termina en
el instante siguiente de nacer.
Te vas sin hacer ruido, sin falsos
valladares e hipocresías.
No entiendo este viaje corto, quizás sin
sentido, envejecer, morir.
Cuantas preguntas sin respuesta.
Me enseñaste a honrar la vida y así lo haré.
Ahora cojo fuerte tus manos heladas y
recuerdo, recuerdo, tantas cosas.
Juan José Moragrega
