Astrid klisans era una actriz madura e histriónica. Se encontraba amenazada, deudas contraidas en el pasado, un marido despechado, una vida desordenada. ¿quién sabe?.
Su vida corría peligro.
Cada día acudía al teatro donde
representaba la obra “La señorita Julia” las clases sociales,
el amor y la batalla de los sexos se hacían patentes en aquellas
interpretaciones que llenaban la sala cada noche con gran éxito.
A través de la ventana de su
habitacíón cada tarde antes de salir y dirigirse al trabajo, miraba
calle arriba y calle abajo vigilante. Un rayo cruzó el cielo por un
instante y la lámpara de la mesilla parpadeó y se apagó., augurío de la
tragedía.
¡ Arriba el telón!
En un instante grito desesperada en
medio del escenario. ¡Esto no es parte del guión, me van a matar! .
Tal era su talento que mientras era apuñalada el público veia
maravillado aquella escena.
Solamente cuando quedó inerte sobre un charco de sangre, los espectadores se levantantarón entonces de sus asientos aplaudiendo la escena enérgicamente. En un segundo la sala enmudeció y se sintió el miedo.
Solamente cuando quedó inerte sobre un charco de sangre, los espectadores se levantantarón entonces de sus asientos aplaudiendo la escena enérgicamente. En un segundo la sala enmudeció y se sintió el miedo.
Era cuestión de tiempo.


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