sábado, 23 de julio de 2016

Partida de ajedrez




        Permanecí atento ante la batalla estratégica que tenía ante mis ojos. Por un lado, mi amiga moviendo con destreza sus fichas blancas y, por otro, el oponente, que no era otra persona que mi propio padre con sus caracteristicos movimientos de acoso y derribo.

    Ajedrez, juego de dioses: en él manejamos un mundo en miniatura con todas sus figuras, batallas, defensas y ataques, también sacrificios para conseguir objetivos sobre el mismo tablero simbólico de la vida misma. Negros y blancos, vencedores y vencidos. Quién sabe si la existencia no es más que eso: un enorme tablero en el que algunos seres superiores juegan con nosotros como si fuéramos piezas del ajedrez.

        Momento mágico de reflexión, silencio ante el movimiento contrario, un reloj que marca como una losa el paso tiempo, un error y se acabó, ¡Jaque mate!

       Tablero de los anhelos, de metas y esperanzas, támbien del hastío y de la depresión, donde el peón es igual de importante que el propio rey, protegido por sus torres, con su caballería y alfiles que marcan las directrices del juego.

      Respeto mutuo y un código de comportamiento sin igual. Juego de caballeros, los oponentes se dan la mano al empezar la partida y al acabar. ¿Quién será el vencedor?.

Juan José Moragrega 

Incluido en mi libro "Búsqueda de caminos" editorial Entrelíneas Editores. 




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Moragrega (poema de José Luis García Guillermo)

 https://youtu.be/Tv6v6CNl8jw