Suena
el despertador como cada día a la misma hora. Espectadora del paso
del tiempo, Paula se acicala para ir a su trabajo diario, se para por
un instante y piensa que los buenos momentos de la vida no duran
nada, apenas minuto y medio; uno hace falta para que una canción te
conmueva y medio para perderlo, así como el aroma de un café, un instante.
Abre
la puerta, baja al garaje y sacando fuerzas de muy dentro acude a su
puesto de trabajo, un lugar lúgubre sin apenas una ventana con vistas
al cielo, cajas y cajas apiladas y sin orden alguno la rodean.
Piensa
que la vida es así; construye mundos imaginarios a los que
agarrararse, piensa que hay un más allá fuera de esas cuatro
paredes y que la realidad sin nada más, duele. Sueña con una vida
mejor, que la vida es incierta, si. Consciente de que nuestros pasos
son rápidos e inestables., que después del amor llega la muerte:
como un beso rápido y efímero, como un suspiro. Todo se va.
Solo
soy ahora, ese instante es lo que tengo, puedo poner el sentido
llenando cada momento de mí misma, teniendo coraje en pro del amor.
