Llevaba varias semanas sintiendo en la espalda un hormigueo, un picor y volvía a oír esas voces dentro de mi cabeza. Decidí ir al cirujano que me había intervenido meses atrás. Él me confirmó la recaída, casi con vergüenza : Siempre supimos que extirparle las alas no nos aseguraba resolver completamente el problema, que había un porcentaje muy alto de que la imaginación volviese a manifestársele”.
Por extraño que pareciese, ahora me encontraba totalmente libre, para pensar y crear. Una recaída necesaria diría yo. Aprendería a volar, ya nadie me volvería a cortar las alas ni las palabras.

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