martes, 24 de mayo de 2016

EN AQUEL RINCON DE ALASKA


     
      Aún recuerdo aquella noche gélida en el bar junto al golfo de Alaska. Allí donde dos océanos se juntan pero sus aguas no se mezclan, unas oscuras y otras claras, presagio de un amor imposible.

  No podía sonreír, ni siquiera llorar, volvi a ese lugar y a la misma mesa con  aquel candil a medio gas.

  No era lugar para cualquier persona, si para almas atormentadas por el paso del tiempo, un sitio para llorar nostalgia con pensamientos infinitos. Para seres a punto de caer, para no levantarse jámas, donde muchos sacaban el pasaje para el último tren de sus vidas.

  En penumbra y en silencio me encontraba pensativo y un acontecimiento marcó un día mi destino.

    Era una noche fría, como cualquier otra, comentaba con un viejo amigo de la zona la relación que tenía con mi mujer mientras el  escuchaba absorto. Yo amaba a Lucía, pero con el paso de los años la relación se fué deteriorando y ahora éramos unos desconocidos. Quizás el tiempo y la rutina, yugos de lo eterno.

     Observando a traves de la ventana aquellas montañas al borde del océano impertérritas al paso de los años, pensaba: Cogería el primer avión, recuperaría el tiempo perdido, la obsequiaría con aquellas lilas que tanto la gustaban, como cuando éramos novios. Y una llamada me comunicó el triste desenlace. Lucía no pudo superar una grave enfermedad. Rabia, desesperación por no haber estado a su lado. 


    Hoy regreso a este rincón de Alaska donde un día quise huir de mi mismo... Lágrimas del recuerdo recorren ahora mis mejillas, se me nubla la vista y mi sangre se hiela, en este instante te digo adiós. 




  
  

martes, 17 de mayo de 2016

LLUVIA

Lluvia cae sobre mi pecho ardiente, calmando el dolor, limpiando mi duda.
Fluyen pensamientos como el agua en el río, atraviesan mi alma, dan luz a mi mente.
Cuando la lluvia cae sobre un banco del parque en soledad, los ruiseñores se esconden y yo salgo.
Escucho el agua caer sobre el asfalto cruel, acariciando el agua las hojas del alcornoque seco y rajado.
Dando vida, respirando ese olor a tierra mojada 
que invade mis sentidos. 
Como la vida misma fluye el agua y como las gotas que se diluyen en el mar se nos va.
Algunos sentimos la lluvia, otros simplemente se mojan.
Descalzo voy por el reguero que marca esta, sorteando piedras, haciendo fuerza.

Me duermo en ese banco en la oscuridad de la noche, mojado y húmedo, pero no me importa, me siento afortunado, feliz.
No me he convertido en piedra, en esclavo, en indigno.
Lluvia cae sobre mi pecho.

sábado, 7 de mayo de 2016

AÑOS DIFICILES

Somos prisioneros de guerra,
amarrados por la ceguera del odio
de la sin razón y de locura.
Por algún motivo aún me mantengo vivo.
Así mismo en mi lugar la nada se hizo hambre.
Es carne y hueso sin seguir estilo alguno,
no es más que esta tinta ni menos que el extra nocturno de un vocabulario obtuso que sigue aún con esperanza.
Resurgir como el fénix, desde la ceniza.
Si saliera de este sin sentido, amaría la luz, que no volviera una locura igual, desearía un día. Pero el ser humano no aprende.



 En homenaje a mi abuelo Ramiro. Que estuvo prisionero de guerra en el Batallón de trabajadores nº 151 Alsasua (Navarra). Y sobrevivió a el. Cuando salió de aquel infierno, llego a su casa enfermo. En el año 1976 falleció de arteroclerosis.



 Despues de una investigación exahustiva en los archivos Municipales y Biblioteca nacional. Lo pude saber.
Solamente en Navarra y Comunidad Vasca, desde 1937 a 1942 acogio a más de 60 Batallones de trabajo.


 Es bueno recordar, me reconforta y aprendo de los errores del pasado que cometieron otros, para ser mejor persona.

Moragrega (poema de José Luis García Guillermo)

 https://youtu.be/Tv6v6CNl8jw