El eco de las gotas
contra el cristal
arrulla con dulzura
musical los sentidos.
Cuando era niño
miraba detrás
dibujando rostros,
escribiendo nombres o
simplemente tocando
el vidrio frío y húmedo.
Imaginé el césped mojado
con su olor a lluvia y tierra.
Las flores danzando bajo
el agua,
o esos ríos y lagos con
su corriente limpia
y transparente,
donde los peces nadan
al compás de la vida.
Cuantas alegrías me daban
esos instantes.
Hoy golpean de nuevo
esas gotas con ritmo sin cesar,
contra el espejo de la ventana,
intentando mitigar
la duda.

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