Frente a la magia de un microrrelato y/o relato hiper breve hoy esbozo una sonrisa. Aquí plasmo una historia condensada, una experiencia kafkiana.
"La cena"
Ella desde siempre me volvía loco, y una tarde de domingo tras tomar unas cervezas, la acompañé a su domicilio.
- No tengo nada que hacer esta noche - dije al llegar a la puerta.
De sopetón, me preguntó.
- ¿Quieres subir y cenar?
Estuve a punto de asfixiarme porque no podía respirar de la emoción y la seguí hasta el ascensor. Ni qué decir que aquella corta distancia en el reducido espacio me llevó a pensar en estrecharme a ella y besarla allí mismo, pero me contuve.
La seguí hasta el final del pasillo donde la habitación tenía una lámpara encendida. La anciana, que estaba viendo la televisión, se levantó y me estrechó la mano.
- Mamá, te presento a Eduardo, es amigo y compañero de trabajo. Va a cenar contigo y te va a hacer compañía hasta que yo vuelva de mi cita con Daniel.

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