Ansíe conocer el camino marcado cuando nací.
Busqué ese sentido en la lógica, en la física,
en lo posible e invisible.
En el recodo del alma suya para verme
reflejado en sus pupilas y encontrarme.
Bajé al infierno cien veces y lo volvería a hacer
sin renuncia.
Me llamaron loco cuando me
desangraba buscando en los recónditos y más
profundos lugares del corazón humano para
entender algo, quizás nunca.
Analicé la esencia misma de las montañas y
de los ríos, de los prados verdes.
Noté la brisa fresca en mi rostro
que mece sin cesar las hojas que caen
cuando llega el otoño al
suelo inerte.
Busqué la esencia en la belleza intrínseca
de las cosas diminutas y a la vez enormes.
En sus labios, en esos versos trasnochados
y en el aroma intenso del aire que respiro,
ciego al ojo humano.
Busqué desgajando minuciosamente la vida,
para exprimir cada instante con celeridad,
desechando la banalidad que me ahoga.
Siempre te estaré buscando.
Juan José Moragrega ©
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