lunes, 15 de diciembre de 2014

SALVAR LA VIDA

                                                     

Pertenecía al tercio “Alejandro Farnesío” 4º de la legión y por caprichos del destino se encontraba ante un pelotón de fusilamiento, él era una victima más.

Fusileros cargan sus armas de fuego y muerte, apuntan con sus cañones a sus cuerpos desfallecidos, la sangre se hiela, la boca se seca y el corazón casi se detiene, el miedo recorre las venas, la mente se nubla y vuela. Último suspiró antes del disparo cruel de seres no pensantes, la sin razón su credo.

¿Por qué? se preguntaba, ¿por qué me han detenido?...

En esos instantes finales, quizás segundos, los pensamientos pasan por su mente como estrellas fugaces, recuerdos del pasado, de su existencia, fotogramas y fotogramas fluyen cada vez más y más deprisa. Apunto del desmayo, las piernas apenas le sujetan.
Escucha un grito:
¡Alto no disparen!. En un segundo los hombres armados quitan del gatillo sus dedos asesinos.
Un altivo capitán de la Benemérita paralizó el acto y su sangre.
Una figura delgada, uniformada, se acerco a él, que apenas sin fuerzas, solo veía condecoraciones por encina de su bolsillo izquierdo y oscuridad.
Con energía el oficial arrancó de su cuello un colgante que llevaba del cristo de la buena muerte, lo observó detenidamente y no se porque extrañas razones del destino le saco de aquella hilera de muerte y desolación.
¡Fuego! Los atronadores disparos de los mosquetes de aquel pelotón de ejecución ensordecieron sus oídos, imagen atroz de personas abandonadas a la fatalidad del destino; aquellos hombres cayeron inertes en el suelo helado.
Aquella imagen le había salvado la vida, se arrodilló entonces y se hecho a llorar como cuando era un niño. Salvó su vida.


Basado en una historia real contada por un familiar cuando yo era un niño.



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Moragrega (poema de José Luis García Guillermo)

 https://youtu.be/Tv6v6CNl8jw