Me encuentro prisionero del frío,
callado, mis compañeros calcinados en esta contienda letal contra el
enemigo, que no es otro que el propio hombre. Desquiciado y exhausto
para arroparme en un funeral sin fin. Quisiera decir al mundo que
estamos aquí con un arma en la mano defendiendo algo, por alguien.
Mirada fría y distante, corazón de piedra, veo a mis
compañeros aterrorizados por el silbido de las balas que sobrevuelan
nuestros cráneos. Ya oigo los acordes en el túnel de los mármoles que inexorablemente nos atrapan sin piedad. Desde esta trinchera quisiera gritar que lucho por ti amigo. En la intolerable camisa de llamas que ningún poder humano puede soportar. Sólo vivimos, sólo suspiramos consumidos por uno u otro fuego. No soy un soldado de guerra, soy soldado para la paz.

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