Se encuentra sentado aquél muñeco roto, sin fuerzas. Escribe lineas y lineas que solo él alcanza entender para sobrevivir al momento vivido, a una locura generalizada que algunos dan por normal.
Relata sin ningún otro propósito que escapar al tiempo, como los poetas que narran en verso otra realidad anhelada que les gustaría vivir.
Escribe con esperanza y rabia a la vez, sin sentido de la transcendecia ni ningún otro motivo que oculte la individualidad de su escritura.
Solo su mente vuela y busca palabras sencillas para que la sangre de sus venas fluya limpia y quede plasmada en ese folio en blanco. Se pregunta ¿Para que escribir? Para crear, para no morir.

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