Me
llamo Saíd, cumplo condena. Cada día me siento trás los barrotes
y desde allí observo la vida que transcurre en el patio. Sopla el
viento del norte y unos trozos de papel vuelan violentamente
llevados de un lado a otro por encima de los muros de la prisión.
Si
pudiera escapar como esas virutas que revolotean en total libertad y
se alzan al cielo, alcanzaría la gloria, pero para mi ya es tarde.
Ya no siento, mis llagas ya no sangran sufrimiento, pues de este
corazón ya no soy dueño.
Las
rejas son frías, congelan mi alma, humedecen mis ojos. He
dejado de ser todo lo que soy intentando ocultar mi esencia. Busqué
tesoros en mis poemas para olvidar. Veo una luz intensa,
percibo una paz jamas experimentada en mi corta vida.Víctima
de un adiós anticipado. Preludio de una sola realidad. Quizás en
otra vida, quizás en otro tiempo y en otro lugar.

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